18 de octubre, 2022

Nos hacen falta muchos mexicanos.

Por Esteban Quintero
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En 2018, el actual gobierno recibió al país con una tasa de homicidios de 29.07 por cada 100,000 habitantes; eso por ningún motivo es un país en paz, justo este punto fue uno de los más ampliamente cuestionados por López Obrador, siendo candidato y aun antes de esto, a los regímenes de Peña Nieto y Calderón Hinojosa. Un cambio en la estrategia de seguridad y una disminución de los crímenes dolosos se convirtieron en uno de sus principales estandartes de campaña.
Han pasado ya casi cuatro años desde que el actual gobierno tomó las riendas del país, claro que cambiaron la estrategia de seguridad: se implementó la política de ?abrazos, no balazos? y se ?transformó? a la antigua Policía Federal en la actual Guardia Nacional, una fuerza civil cuyo principal objetivo era desbancar a la fuerza militar de sus labores de seguridad pública y regresarlos a sus cuarteles ¿Resultado de esto? Una fuerza ?civil? que representa aproximadamente el 20 % de la fuerza del Estado y que solamente realizó el 1.9 % de las detenciones en el año 2021, pero eso sí, los decomisos de cucarachas, ajolotes y buche de totoaba fueron uno de sus principales golpes al crimen organizado.
Aun con tan eficiente organización y el cambio de política a una más amigable en su trato con el crimen organizado, no hemos visto los resultados deseados. En estos casi cuatro años se llevan registrados más de 122,000 homicidios, superando la cifra total de homicidios durante el sexenio de Felipe Calderón, el culpable de la mayor parte de los males que vive México, esto según el propio presidente, aun cuando hayan pasado casi diez años desde el fin de dicho sexenio.
En este sentido, el fin de semana pasado se convirtió en uno de los más sangrientos de la historia moderna del país ? no entraremos en debate si fueron 260 o 196 homicidios, eso se lo dejamos a Jenaro Villamil ? en el que el uso de la violencia en contra de civiles desarmados se hizo presente, algo que se ha venido repitiendo a lo largo de los últimos años, mismos hechos que son catalogados por López Obrador como ? (agresiones) a la población civil, inocente, como una especie de represalia...?, pero en ningún momento se digna a nombrarlos como lo que son: actos de terrorismo.
En este marco de inseguridad se fortalece la militarización del país, no solo como constructores, administradores de puertos y aeropuertos, aduanas, etc. Sino con cada vez más presencia en las calles en tareas de seguridad pública ¡Lo mismo que criticó por más de 12 años de los gobiernos anteriores! Ahora no solo se replica, se intensifica. Y para sumar más a esto, se pretende cambiar el mando de la Guardia Nacional de uno civil a uno militar, rompiendo lo prometido en 2018 y 2019 cuando se discutía su creación en el Poder Legislativo y se llegó al consenso de mantener el mando entre civiles, que seamos realistas, de facto ya funciona como una extensión de las fuerzas armadas. Se rumora que, de no ser refrendado el nuevo capricho por el legislativo, sería capaz de violar la Constitución y hacer el cambio mediante decreto presidencial, algo común entre sus amigos latinoamericanos.
Pero estamos mejor, ¿no?

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Autor

Esteban Quintero

Sinaloense. Estudiante de Contaduría Pública. Colaborador de ?El debate?.

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