04 de marzo, 2023

Los compadres

Por Mike Ojeda
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Se ha hablado mucho acerca de aquellos numerosos errores cometidos por el gobierno de México en materia doméstica -y con justa razón-, pero poco se ha criticado al presidente López Obrador de su incongruente desempeño en política exterior, dando mucho que decir y dejando mucho que desear.
El pasado 21 de diciembre llegaban a México la esposa e hijos de Pedro Castillo, expresidente del Perú, luego de que el gobierno mexicano les ofreciera asilo político tras el arresto de Castillo y la consecuente escalda en la crisis política que vive el país andino (https://bbc.in/3jvLEdh). Ello, sumado a los recientes comentarios del presidente López Obrador en "solidaridad" con el expresidente peruano, tuvo como consecuencia la expulsión del embajador mexicano en el Perú y una severa brecha en las relaciones diplomáticas de ambas naciones (https://reut.rs/3GjpCTO).
Naturalmente hubo oposición a las acciones del gobierno mexicano dentro de la opinión pública, misma que fue criticada por ciertas voces afines a la izquierda latinoamericana (https://bit.ly/3WFCKrS), acusando la aparente condonación de las violaciones a los Derechos Humanos ocurridos durante las protestas en las que han muerto decenas de personas (https://nyti.ms/3WrIu8O).
Lo que se critica desde la oposición al obradorismo no es que México reciba a una familia que busca asilo político. Lo que se critica, y con justa razón, es que México se entrometa en los asuntos internos de un país soberano apoyando la narrativa de Pedro Castillo como presidente legítimo después de su intento de autogolpe de estado (https://wapo.st/3WrLEtd) mientras que el Perú arde gracias a la reacción de sus seguidores entre los que se encuentran profesionales de la violencia como el propio Sendero Luminoso, organización maoísta que durante años supuso un peligro mayúsculo debido a sus atentados terroristas (https://bit.ly/3WgUbzc).
Y es que el caso de Perú es solo uno de varios errores cometidos por el gobierno de México en materia de política exterior bajo la administración obradorista.
El que el gobierno mexicano intervenga no es malo en sí, sino que lo haga de manera selectiva.
Por un lado, el presidente critica la violación a la "autodeterminación de los pueblos" cuando se toman acciones internacionales contra sus aliados ideológicos como ha ocurrido con la dictadura en Cuba (https://bbc.in/3hKJe9W), su rechazo a la "intervención" del Parlamento Europeo después de que los eurodiputados emitieran un documento expresando su preocupación por la violencia cometida contra los periodistas y el frágil estado de la libertad de expresión en México (https://bit.ly/3WohLu0) o absteniéndose de tomar medidas contra el gobierno de Irán en las Naciones Unidas luego de que el régimen iraní condenara a muerte a quienes protestan contra las medidas brutales tras la muerte de Mahsa Amini (https://bit.ly/3YA34pb).
Por otro lado, mete su cuchara abiertamente en asuntos externos cuando se trata de promover a figuras políticas extranjeras en carrera electoral ya sea recibiéndolas como al entonces candidato presidencial de Brasil Lula Da Silva (https://bit.ly/3PNCuFa) o visitándolas como a Donald Trump en plana campaña presidencial de los Estados Unidos (https://nyti.ms/3FPEiJ0) -y luego unirse a los países que no reconocieron la victoria de Joe Biden apenas esta fue anunciada (https://cnn.it/3FVjdNh)-, cuestiona los propios procedimientos legales contra sus aliados ideológicos como lo fue la condena por corrupción a la vicepresidente argentina Cristina Fernández de Kirchner (https://bit.ly/3VqKdK8), entre otros lamentables ejemplos.
Ya se ha comparado a AMLO con sus predecesores ideológicos Luis Echeverría Álvarez (https://bit.ly/3WsbywU) y José López Portillo (https://bit.ly/3vjzIxW) por sus políticas nacionalistas y populistas. En cuestión de relaciones exteriores no es del todo distinto, siendo Echeverría en su momento impulsor de los países no alineados y del "tercer mundo", su amistad con líderes de la izquierda latinoamericana como Fidel Castro o Salvador Allende y el asilo que le dio a la familia de Allende tras el golpe militar de 1973 en Chile (https://lat.ms/3I7wXqW), mientras que López Portillo mantuvo una relación ambivalente con los Estados Unidos, apoyó a las guerrillas marxistas de Centroamérica (https://bit.ly/3FPJrAO) y recibió al entonces depuesto Sha de Irán, Mohammad Reza Pahleví (https://bit.ly/3jpGtLL).
Tanto la Doctrina Estrada como el principio de no-intervención, en vez de ser fielmente seguidos o revocados en pro de una nueva manera de hacer política exterior, parecen ser aplicados como la conocida ley de Juárez: "para los amigos, justicia y gracia. Para los enemigos, la ley a secas". AMLO será en sus propias palabras un implacable defensor de la autodeterminación de los pueblos y los Derechos Humanos excepto, claro, cuando se trata de los compadres.

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Autor

Mike Ojeda

25 años | Maestría en Liderazgo Estratégico Internacional, así como diversos cursos y diplomados en Ciencias Políticas, Derechos Humanos, Filosofía y Doctrina Social de la Iglesia. Ha participado con diversos grupos juveniles como Rotaract, Acción Juvenil y Soñar Despierto. Interés por el personalismo, los fundamentos morales de una sociedad libre y la construcción de un régimen democrático.

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