10 de febrero, 2023

El precio de decir la verdad

Por Jimena Villicaña
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Creímos estar de suerte cuando el inquilino de Palacio Nacional, pese a sus constantes y rutinarios ataques contra la prensa, se solidarizó con el periodista Ciro Gómez Leyva después de que sufriera un atentado. La noche del jueves quince de diciembre, el periodista fue blanco de un ataque por personas armadas, las cuales intentaron arrebatarle la vida con más de cinco impactos de bala.

Estás huyeron sin lograr su cometido únicamente gracias al blindaje nivel 6 de la camioneta Jeep Grand Cherokee en la que se encontraba a bordo, la cual le fue entregada por la empresa en la que trabaja hace seis años.

El veinte de diciembre, en una declaración que no sorprendió a nadie; López Obrador se atrevió a calificar lo sucedido como un "autoatentado" motivado por quienes, según él, buscan desestabilizar y deslegitimar su gobierno. Es alarmante, ruin y mezquino que el máximo mandatario de nuestro país se haya atrevido a señalar este cobarde atentado como una especie de acto terrorista para "perjudicar a su Gobierno". Es indolente que haga estas declaraciones cuando el país que él gobierna es hoy, el más mortifero para quienes valientemente dedican su vida a comunicar la verdad: los periodistas. A estas alturas ya resulta sórdida esa destemplanza enfermiza del Presidente para colocarse siempre como la víctima perfecta, incluso cuando el es él victimario.

Victimario porque se ha dedicado a utilizar la tribuna más importante del país para difamar y reproducir un discurso de odio, estigmatizante y denigrante para todo aquel que es crítico de su Administración, por más objetivo e imparcial que sea. Seríamos ilusos al no reconocer que al hacerlo, perpetúa y legitima la violencia en su contra. El Presidente está actuando como la mismísima Inquisición en el Oscurantismo, alentando el odio y la persecución en contra de todo aquel que resulte incómodo para su gobierno.

Andrés Manuel López Obrador insiste en que los ataques a periodistas no son crímenes de Estado, pero la cruda realidad es que en sus cuatro años de gobierno han asesinado a 40 periodistas. No murieron, los asesinaron. Cuarenta personas hoy están muertas. ¿Su crimen? Decir la verdad. Porque bien dice el famoso refrán: la verdad no peca, pero sí incomoda.

En lugar de señalar y denostar a las personas que se dedican a compartir información certera de lo que sucede a sus audiencias, y que son el vínculo entre la ciudadanía y las autoridades; el Presidente debería ocuparse en generar políticas públicas adecuadas para atender la violencia contra los periodistas, e implementar medidas de prevención que garanticen su seguridad.

En fin, nos queda claro que este gobierno no ha transformado nada. Ni llego la paz, ni se cumplió el cambio. Mientras que desde Palacio Nacional se sigan buscando culpables en los fantasmas del pasado, en nuestro país, según las tendencias; en 10 días más otro periodista será asesinado.

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Autor

Jimena Villicaña

24 años | Activista feminista, defensora y promotora de los derechos humanos. Asesora e Investigadora Legislativa en el Congreso de Michoacán. Directora del Centro de Estudios y Formación Política 2021-2023. Miembro de diversas colectivas feministas y grupos juveniles como Rotaract Monarca, Global Shapers y Alianza Universitaria x México. Consejera Ciudadana del Consejo Estatal de Búsqueda de Personas en Michoacán.

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