Albania, el país que se escondía por miedo

Publicado en Coordenadas el miércoles 1, junio, 2016

Tirana, Albania.- Bajo la dictadura estalinista de Enver Hoxha, Albania se convirtió en uno de los países más aislados del mundo. Las relaciones con los países comunistas que en un principio eran excelentes fueron rompiéndose. Quedando finalmente Albania como último bastión del estalinismo. Ante esta situación a finales de los 60 Hoxha creyó que Albania sería invadida de manera inminente, por lo que decidió sembrar todo el país de bunkers, en total entre 600,000 y 700,000. Llegado el momento de la verdad, Hoxha esperaba que sus compatriotas corrieran a su bunker más cercano y metralleta en mano defendieran la madre patria de los invasores extranjeros. Teniendo en cuenta que la población de Albania en aquellos tiempos rondaba los tres millones, se calcula que había uno por cada 4 o 5 albaneses.

Al acabar la Segunda Guerra Mundial Albania se alió con su vecina Yugoslavia, que se convirtió en su protector, concediéndole ayudas en forma de grano, créditos o comprándole sus materias primas a casi el triple del precio de mercado. Las cooperación funcionaba hasta que surgieron las primeras desavenencias y recelos sobre el papel que Albania tenía que jugar en esta alianza. Albania rompería relaciones con Yugoslavia y pasaría a caer en la órbita de la URSS de Stalin, cuya ayuda reemplazaría la yugoslava.

Tras la muerte de Stalin en 1956 la situación volvería a cambiar, la condena del régimen y los crímenes de Stalin por parte de Khrushchev, despertó el rechazo de Hoxha y este proclamó su país «reserva espiritual del marxismo-leninismo».

Más tarde en 1958 aprovechando la ruptura entre China y la URSS, Albania se acercó a la China de Mao, que substituiría el papel de la URSS en Albania, de la misma manera que la URSS lo había hecho antes con Yugoslavia. Sin embargo China no se mostró un aliado tan eficaz como la URSS, pues sus técnicos y equipos no eran tan sofisticados, ni avanzados como los soviéticos. Al igual que con sus anteriores aliados las relaciones con China también se romperían, en este caso en los años 70 tras el acercamiento «práctico» de China a las potencias occidentales en especial a Estados Unidos.

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En 1968 la invasión de Checoslovaquia por parte de los soviéticos hizo temer a Hoxha que Albania fuera la siguiente, lo cuál hizo que el ritmo de construcción de bunkers se acelerara. Según cuentan algunas fuentes, el primer prototipo de estos bunkers había sido finalizado en los 50, durante su presentación Hoxha preguntó al ingeniero en jefe si estaba seguro que resistiría el ataque de un tanque, este respondió que estaba «muy seguro». Entonces Hoxha le pidió que permaneciera dentro de su creación mientras un tanque bombardeaba el bunker.

Lamentablemente para la población cuerda de Albania, el ingeniero salió ileso tras el ataque y se procedió a la producción en serie de su invento. Estos bunkers eran de hormigón armado, pero eran a su vez móviles, con la intención que fueran fáciles de colocar con un helicóptero o grúa en un agujero excavado previamente. Los había de varios tipos: bunkers de playa, para una ametralladora, instalaciones navales submarinas, bunkers subterráneos para servir de almacén. Los más comunes eran los que tenían forma de seta y podían albergar una ametralladora o una pequeña pieza de artillería de hasta 75mm.

La invasión inminente podía provenir de cualquier frente y de cualquier enemigo, además de los enemigos en el lado comunista había que añadir los enemigos «tradicionales» occidentales. Así que los bunkers proliferaron por todo el país sin una estrategia clara de defensa. Albania, pese a ser un país pobre, dedicó una cantidad inmensa de recursos a su construcción, se calcula que para la construcción del típico bunker seta eran necesarias cinco toneladas de hormigón, mientras las carreteras se encontraban en un estado lamentable, así como muchos otros servicios.

Algunos albanos aún recuerdan su sorpresa el día que los funcionarios del estado llegaron y les dijeron que iban a construir un bunker delante de su casa, algunas veces en medio de la tierra de labor.

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La proliferación de bunkers por todo el país creaba un estado de inseguridad y de alerta en la población que sin duda era positivo para mantener la paranoia de la invasión inminente.

Los bunkers no fueron el único elemento de supervivencia de Hoxha, ni siquiera el más excéntrico. Era tal su temor a ser capturado o asesinado por los invasores, que algunas fuentes afirman que ordenó crear una doble suyo mejorado con cirugía para que asistiera a los actos públicos. Este no sería el único hecho que confirmaría que los temores de Hoxha eran reales, pues tras la caída del régimen comunista se encontraron arsenales de armas químicas escondidas en algunos de bunkers almacén preparadas para ser usados contra los invasores que nunca aparecieron.

En la Albania post-comunista, algunos de estos bunkers han sido utilizados por los vecinos como medio de provisión de material de construcción, otros se han convertido en almacenes o tiendas, WC públicos o incluso modernos restaurantes. Sin embargo son muchos los que aún se mantienen en pie tal como quedaron el día que cayó el comunismo en Albania, convertidos en un mal recuerdo de un pasado de paranoia y miedo para unos y como un simpático souvenir para otros.