El Apocalipsis según Cioran

Publicado en Cultura el miércoles 28, septiembre, 2016

POR: PIJAMASURF

 

 

El filósofo rumano Emil Cioran es uno de los grandes personajes del mundo literario de la segunda mitad del siglo XX, construyendo una personalidad mítica, desde el aislamiento, en la gran escena parisina. Cioran es siempre esa oscuridad luminosa, esa fascinante repugnancia ante el mundo, el encantador pesimismo que lo mismo produce nausea que hace enamorarse de la profundidad.

Cioran, fiel a su perfil de gran mistántropo, de aborrecedor de la farsa –esa marcha al matadero– que es la sociedad moderna, apareció antes las cámaras muy pocas veces. En este video, un equipo de documentalistas rumanos entrevistan al escritor y retratan su visión escatológica, en medio de imágenes lúgubres y desconsoladoras, efigies de la gran tragedia inconsciente moderna. Cioran se erige en su lúcido pesimismo como el gran desilusionista y por lo tanto en un pensador apocalíptico que revela, según su filosofía, el imperio nihilista. Como dice el llamado «rey de los pesimistas»: «creo en la salvación de la humanidad, en el porvenir del cianuro».

La implacabilidad de la muuerte brilla como un mar de acero. La luz negativa de la tarde produce flores venenosas, que crecen con la más pura sabiduría porque llevan a la muerte. «La historia del mundo no es sino una sucesión de catástrofes aguardando una catástrofe final»… «No somos más que los anunciadores, las trompetas de un juicio sin juez». En una veta profética pero solamente racional, sin ningún misticismo que no sea la lógica de la muerte, Cioran entiende, como algunos místicos, que el mundo en el que vivimos es un largo purgatorio. «En cuanto salgo a la calle pienso: ‘Qué perfecta esta parodia del infierno'».

Desde que tenía 20 años, Cioran se promovió como un experto en la muerte, el gran eutanatólogo de nuestra sociedad, el gran comentador de la interpenetración ubicua de la muerte. Ofició para la muerte desde un vértigo de sensaciones, desde la secretaría de la conciencia de la terminalidad. Se le compara con Nietzsche, pero hay mucho de Schopenhauer en él (sin la inclinación vedántica).

El pesimismo de Cioran, sin embargo, se vuelve tolerable al ser formulado, parafraseándolo, con una vital ironía, se vuelve casi una redención a través del humor negro, como el que ríe en el funeral y transforma el sufrimiento en una fiebre de alegria infernal, más allá de las buenas costumbres, en la fidelidad a su propia conciencia. «Es simplemente un accidente. ¿Por qué tomarla tan en serio?», escribió sobre la vida. El poder del saber llega a su extremo en la filosofía de Cioran, cuando se entiende que la vida no tiene verdadero significado más que en la muerte que la devora. Se esboza, quizás, una liberación del sufrimiento –aunque Cioran siempre enalteció, romantizó y exprimió el sufrimiento en toda su plenitud.

Los aforismos de Cioran pueden leerse como pinceladas diamantinas, fragmentos de un enorme poema a la muerte, un stream of consciousness de iluminaciones abismales. Estas frases, centelleantes dagas, son un tesoro para la era de los 140 caracteres, y el lector hará bien en consultar la obra del gran filósofo rumano que eligió la lengua francesa para culminar su obra literaria.