El plátano del disco Velvet Underground salió de un cenicero publicitario

Publicado en Cultura el miércoles 23, septiembre, 2020

Hay dos portadas en la historia de la música que están marcadas como obras maestras del arte pop, que existen, a pesar de las lenguas rancias del desprecio del viejo arte. Ambas portadas se publicaron en el mismo año, en 1967. Hace justo 50 años.

Una es por supuesto la portada de los Beatles,The Sgt. Pepper’s lonely hearts club band de Peter Blake. Pero hay sombras. En una de las pequeñas salas de exposiciones del enorme palacio de Mysore, en el sur de la India, descubrí una fotografía que era la viva imagen de la del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band; pero en lugar de famosos y personalidades, estaban retratados los familiares del último Maharajá de Mysore. La clonación de la idea era evidente. Peter Blake estaba obsesionado con los rajás de la India, en la época del colonialismo inglés.

La segunda portada es sin duda la de Banana de Andy Warhol, en el primer álbum de la Velvet Underground & Nico, donde se inició Lou Reed. También está sometida una inspiración cercana al plagio. Esta es la historia.

En 1976, estaba obsesionado con Lou Reed, con la Velvet Underground, con Andy Warhol . Todo por culpa del soberbio disco Transformer de Lou Reed, que me lo había introducido David Bowie. Viajé a Nueva York como un peregrino, en busca de las fuentes del arte, la libertad y Warhol en la vieja Factoria de St. Marks Place. Sólo quedaban restos. Recuerdo que, muy cerca de donde estaba la vieja Factoria, Warhol, mi mujer, Mariví, se compró un abrigo de piel de orangután negro. Por supuesto era vintage y estrámbotico, raro, único… Ahora nos parece un horror, pero, en aquellos días, lucir pieles de animales no era tan pecaminoso como en la actualidad.

El cenicero amarillo

Rebuscando en el Village objetos relacionados con Reed, la Velvet o Warhol, en una vieja tienda de la calle West 3rd, casi con la calle Mercer, compré un extraño cenicero amarillo con un plátano idéntico, absolutamente idéntico, a la banana de Andy Warhol, en el primer álbum de la Velvet Underground . En la tienda underground vendían vídeos raros, casi todos piratas de la época; fetiches de los años 60, con sus reliquias en forma de relojes,mecheros, vinilos y hasta ceniceros. Estaba seguro de que Warhol la había copiado de ese anuncio, con el cenicero utilizado como marketing publicitario para mayor desfachatez del arte. En el fondo del cenicero amarillo se leía :»Don’t you like a banana? ENJOY BANANA. Presented by Wing Corp., designed by Leo Kono production».

En aquellos días, comprar un cenicero con la banana de Warhol no significaba nada de importancia, absolutamente nada. Ahora, muchos años después, es cuando esa portada con la de la Wing Corp ha adquirido una dimensión artística soberana.

Es curioso. Años más tarde pensé en el extraño caso de la portada del álbum de Miguel Bosé, Made in Spain del año 1983, que configuró Andy Warhol con su inimitable estilo con tres caras de Bosé. Le pregunté a Miguel adónde había ido a parar el cuadro original de aquella portada de Warhol. Me contestó que no tenía ni puñetera idea, que probablemente se la quedaría su compañía Sony. No me extrañó. En aquellos días, ni siquiera un Warhol era excesivamente valioso. Sólo cuando murió, su prestigio creció como en un enorme bananero de Canarias.

En cualquier caso, aquel cenicero amarillo siempre lo guardé como una reliquia. Incluso pensé en regalárselo a Lou en algunas de las veces que nos vimos. Jamás me atreví. Hubiera sido como insultar a Drella -Drácula-, como él llamaba a su benefactor. Y le llamaban así porque chupaba la sangre al pop de los ceniceros, de las sopas Campbell, hasta su icono más protegido Marilyn Monroe.

El museo

Hace un par de años estuve en el fabuloso museo de Andy Warhol en Pittsburgh. Llegué para indagar mejor en la ciudad de su nacimiento, en la naturaleza de la historia del mayor impostor-genio del arte pop. Andy había hecho una banana gigante-exactamente igual a la del cenicero-, en el año 1966, unos meses antes que le entrara la fiebre obtusa de mecenas del arte. También, insólitamente, debutaba como productor de discos, que era lo que estaba de moda.

No tenía ni idea de producir un disco, pero lo hizo con el histórico primer álbum de la banana y de la Velvet. En realidad, el disco lo produjo el dueño del estudio de la Scepter Records, Norman Dolph. Allí le insistió al líder de la banda a Lou Reed que Nico, es decir, la berlinesa Christa Päffgen, modelo y actriz, tenía que cantar varios temas y que su nombre apareciera también en la portada para disgusto del grupo. Nico acababa de hacer una película, la histórica Chelsea Girls para Warhol y su alter ego en la dirección de películas, Paul Morrissey. Antes, como modelo, Nico había sido la espectacular chica rubia del caballo blanco de Centenario Terry, como tremenda Lady Godiva.

El álbum se grabó en abril de 1966 y al acabarlo, nadie lo quería publicar. ¿Quien lo iba a editar ? Las letras trataban sobre la drogas –Heroine-, la prostitución, el sadismo y el masoquismo y las desviaciones sexuales. Al final, se atrevió Verve, que era un maravilloso sello del jazz controlado por la Metro (MGM). El álbum fue un fracaso. No se pasaron de las 15.000 copias vendidas. Ahora, nadie para de comprarse el disco cada día.

Las bananas como símbolo fálico siempre habían subyugado a Warhol. De hecho, en su filme con Mario Montez, Harlot (1965), el protagonista se come una banana como tema de provocación.

Matt Wrbican, del museo de Warhol, me contó que en aquellos días estaba de moda el tema de DonovanMellow yellow y que le gustaba la frase como guiño para su banana. Me confesó que probablemente Andy se habría inspirado en un anuncio de plátanos de las firmas Chiquita o Dole, empresas habituales de las compañías de frutas de los años 60. No habló del hilo cierto de la empresa de plátanos.

Cuando Warhol les enseñó la portada con el plátano en solitario a Cale, Nico y Reed, todos se quedaron estupefactos. No les gustó absolutamente nada. «Otra broma de Drella, quizá», pensó Lou. La contraportada del álbum lleva un pastiche, una amalgama de fotos de los pequeñas películas de Andy,Steven Shore y, claro, Paul Morrissey. Era así su excéntrico arte. Tan moderno hip, tan erótico y tan significativamente sencillo, odioso, morboso. Como el propio Warhol se define: «Si de verdad quieres conocer a Andy Warhol sólo mira en la superficie de mis pinturas, mis películas, fíjate en mí y ese soy yo. No hay nada detrás».

Vía: https://www.elmundo.es/