En defensa del pachuco y la figura de Tin Tan, el acto de resistir en la frontera

Publicado en Cultura el viernes 1, julio, 2016

Por Alfonso Blanco

En el presente texto se pretende relacionar los procesos de creación de identidad que generaron los pachucos con el con el concepto de “hibridación” propuesto por Néstor García Canclini.

Se inicia con la búsqueda de acontecimientos históricos que desataron la migración de mexicanos hacia los Estados Unidos. A este movimiento social se sumó una serie de prácticas xenófobas repletas de violencia física y emocional que sobreviven hasta nuestros días y que funcionaron como un detonador para que los México-americanos crearan una forma de identificación.

A partir de la creación de una identidad propia surgió el pachuco, con Tin Tan como su máximo exponente, después llegó el orgullo y la lucha del chicano – un movimiento más teorizado pero que reconoce a los primeros como los impulsores de un cambio de pensamiento-. Germán Valdés se encontró en medio de dos culturas, provenía de los barrios bajos y poco a poco creó su lugar dentro de la pantalla grande. A diferencia de Cantinflas – quien abandonó a sus personajes “pelados”-, Tin Tan ejecutó sus mejores películas representando a la clase baja; el cómico mexicano hizo del instante cotidiano una oportunidad infinita para crear. Reflejó e hizo burla de los estereotipos del charro mexicano que el cine mexicano encumbró y al mismo tiempo hizo una sátira de los políticos y las instituciones.

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Desde la perspectiva de la hibridación se pretende defender el uso del “caló” pachuco – que tiene en el spanglish un hermano menor-, como un híbrido que aporta y enriquece a la cultura; estos hechos positivos contrastan con la mirada crítica que posiciona al pachuco en el escalafón más bajo de la sociedad. Los intelectuales en contra de esta expresión hacen una defensa del lenguaje, sin mencionar claramente que el español o el inglés provienen a su vez de otras lenguas.

Estas es una aproximación que aborda ciertos puntos de este hecho cultural. Más allá de ser una conclusión definitiva, expone bases para defender a ese sujeto de la frontera, olvidado por el nacionalismo edulcorado, que con su propio entendimiento creó símbolos de resistencia que perduran hasta nuestros días.

Antecedentes de la migración mexicana

La migración de mexicanos hacia Estados Unidos tiene como antecedentes históricos la secesión de Texas en 1837, la búsqueda de campesinos y mano de obra que realizaron los nuevos terratenientes; la expansión industrial norteamericana y el clima de tensión que se vivió durante la Revolución Mexicana, sucesos que en conjunto marcaron los primeros movimientos migratorios hacia un país que promovió el “sueño americano”.

Con el paso del tiempo, Estados Unidos enfrentó dos conflictos bélicos que demandaron un desplazamiento considerado de civiles para abastecer sus tropas. Ante la disminución de la fuerza obrera en la industria y el campo, fue necesario suplir la mano de obra con trabajadores que estuvieran dispuestos a laborar por bajos sueldos. La Primera y Segunda Guerra Mundial, son los eventos que incrementaron la migración de mexicanos, sin embargo, es el segundo conflicto bélico mundial el que aumentó la necesidad de fuerza laboral y de esta forma nace el Programa Bracero en 1942, que creó contratos agroindustriales para satisfacer la demanda laboral.

El origen del pachuco

“Pachuco” es un término que se comenzó a utilizar en la década de 1940 a 1950. El Diccionario de la lengua española define así la palabra “pachuco”: “Dicho de una persona: De habla y de hábitos no aceptados socialmente”. La Academia Mexicana de la Lengua va más allá de los usos peyorativos descritos anteriormente y sitúa al pachuco en una región geográfica sin delimitarla exactamente, aunque da una aproximación a las principales ciudades fronterizas en las que se asentaron los pachucos: El Paso, Texas y Los Ángeles, California.

Aunque los autores designan diferentes puntos de partida para intentar rastrear su origen –la palabra proviene del náhuatl pachoacan (lugar donde se gobierna)-, todos convergen en la idea de que el pachuco era el México-americano que ante la segregación decidió unirse y empezó a crear pandillas que fueron identificadas por rasgos particulares que también representaban una forma de protesta.

José Agustín defiende en más de una ocasión a los pachucos. En su libro La contracultura en México (1996) escribió: “En realidad, los pachucos no tenían nada de suicidas; al contrario, estaban llenos de vida y querían expresarse; se defendían a sí mismos, pero también defendían la libertad de ser”. Asimismo, no faltaron los detractores que desde el pupitre y a bordo de distintos cargos de poder dentro del intelectualismo mexicano, denostaron la expresión propuesta por este grupo de contracultura.

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Es el caso de Octavio Paz, quien dedica El pachuco y otros extremos, un capítulo completo de su célebre libro El laberinto de la soledad (1963). Paz menciona ciertas características en un tono nada complaciente: “El pachuco es un clown impasible y siniestro, que no intenta hacer reír y que procura aterrorizar. El traje del pachuco no es un uniforme ni un ropaje ritual. Es, simplemente una moda […] los pachucos reivindican su raza ni su nacionalidad […] no quieren volver a su origen mexicano; tampoco – al menos en apariencia – desea fundirse en la vida norteamericana.

El sistema se cerró por completo, no permitió y repudió tanto como pudo a este grupo de jóvenes. La xenofobia vertida en actos de violencia hacia los México-americanos tuvo un punto álgido en los Zoot Suit Riots, una serie de conflictos que ocurrieron en junio de 1943 entre jóvenes pachucos y marines.

Uno de los principales aspectos que critica el patriotismo de oropel que defienden los detractores del pachuco, es el limbo en el que se encuentran los hijos de mexicanos que nacen en Estados Unidos: no pertenecen a ninguna de las dos culturas. Sin embargo, hay una serie de apropiaciones que crearon resistencia y le dieron poder al pachuco.

 

El pachuco y la definición de su identidad

La primera de ellas y la más visible es su vestimenta: sombrero de fieltro tipo italiano a veces con una pluma, saco con hombros anchos acolchados, camisas floreadas o de colores llamativos; un llavero que colgaba del bolsillo, pantalones de cintura angosta y zapatos de charol.

“Estos jóvenes adoptaron la forma de vestir de los jazzistas negros más macizos, los locos del be-bop […] El zoot suit, como llamaban a estos tacuches, se volvió también, por méritos propios, el Traje del Pachuco, y causó sensación pues era diferente, llamativo y provocativo: fue una de las primeras muestras de la estética de la antiestética que después sería común en todos los movimientos contraculturales”, así los describe José Agustín y coloca al pachuco en la historia de México como el punto de fuga para una serie de expresiones que pugnaron por definir la identidad de los jóvenes mexicanos.

Edward James Olmos in a publicity for "Zoot Suit" (1981).

Asimismo, encontramos el lenguaje como un punto central en la construcción de identidad del pachuco “Para los pachucos, el caló representó no sólo un medio de comunicación sino también un vehículo para expresar su desafío hacia la sociedad en general. Su argot, en gran parte del centro de México, se caracterizaba por a) el uso de vocablo arcaicos (ruco: viejo, apañar, conseguir, etc.), b) préstamos de lenguas indígenas (mayate, del náhuatl mayatl; chanate, del náhuatl tzanatl), c) préstamos del inglés (nicle, de nickel; huachar, de watch). Incluía, además, cambios semánticos (carnal, de aquellas), así como modificaciones fonológicas (ya estufas, malillas)” (Valenzuela, 2000).

Tin Tan, la primera manifestación de la frontera

Germán Valdés solía reunirse desde muy temprana edad con los pachucos de Ciudad Juárez, urbe a la que se trasladó en 1927 proveniente de la Ciudad de México, donde nación en 1915. Ciudad Juárez, El Paso y Los Ángeles, fueron una gran influencia para el joven que comenzó a trabajar en una radiodifusora imitando a grandes músicos de la época.

La cercanía de las dos ciudades que delimitan la frontera entre México y Estados Unidos, es una señal inequívoca sobre la hibridación del lenguaje que se señaló en los párrafos anteriores. A esta idea se suma Carlos Monsiváis: “En la frontera no rigen ni pueden regir – para bien y para mal – las tiranías lingüísticas de la Academia. La “pureza de la lengua aquí no opera”. No se trata de aplaudir o de lamentarse sino de situar el problema históricamente: en México una barrera clasista por antonomasia ha sido el el buen uso del idioma”.

Monsiváis posiciona a Tin Tan como “la primera manifestación identificada en México como típica de la frontera. El dandismo desafiante del pachuco […] hallan en Tin Tan su versión azucarada”. Tin Tan es considerado uno de los cómicos más importantes de la Época de Oro del cine mexicano. Su versatilidad lo posicionó como un ícono inamovible de la cinematografía mexicana. En sus películas podemos encontrar piezas de baile bien ejecutadas que van desde el danzón, la rumba y el mambo conectando con el swin y el boogie, pertenecientes a la cultura norteamericana. Esa yuxtaposición de ideas y rituales del día a día fueron aspectos que Germán Valdés imprimió en su personaje lo que le trajo éxito y al mismo tiempo una crítica marcada por parte de los conservadores del lenguaje y las buenas costumbres.

La periodista Paula Brook publicó en 1950, dentro de la revista México Cinema, un artículo donde criticó su forma de usar el vocabulario: “Es verdaderamente lamentable el género del pachuco apochado y antimexicano que no solo es ordinario, sino que parece complacerse en serlo. Lépera es su forma de hablar y de moverse y hasta de estarse quieto, puesto que son léperas también sus actitudes”. A este grupo detractor del actor mexicano se sumó Salvador Novo, quien terminaría corrigiendo su opinión sobre el uso del lenguaje de Tin Tan, y José Vasconcelos, quien encabezó una empresa cultural llena de un chauvinismo que apenas fue advertido en la frontera, pues el aislamiento que la centralización de la cultura ha tenido en México siempre ha repercutido en provincia.

Si bien Tin Tan hizo suyas algunas de las palabras y expresiones que aprendió de los pochos en la frontera, mismas que ya existían, fue él quien fungió como portavoz de un legado lingüístico que sobrevive hasta nuestros días. “Tin Tan elabora a la perfección el collage lingüístico donde participan las voces anglosajonas impuestas por la necesidad de nombrar lo nuevo, el español del campo cuajado de arcaísmos, y los dichos y expresiones de todo el país. Tin Tan le pregunta a Marcelo: ¿Y el jale que conseguiste de guachador? ¿Y todavía te forgetean tus relativos?” (Monsiváis, 1992)

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El pachuco y la hibridación

“La expansión urbana es una de las causas que intensificaron la hibridación cultural”, menciona Néstor García Canclini en Culturas híbridas, estrategias para entrar y salir de la modernidad. Al principio del texto escribí las principales causas de la migración de mexicanos hacia Estados Unidos, proceso social que dio lugar al nacimiento de los pachucos. La industrialización de algunas ciudades norteamericanas y el “sueño americano”, dieron lugar al encuentro de dos culturas. Por una parte encontramos aspectos rurales como el uso de algunas palabras de origen náhuatl y por otro la vestimenta que proviene directamente de la cotidianidad que las grandes urbes impusieron durante el siglo XX; estos dos aspectos se hibridan y crean una nueva imagen, una nueva concepción que desemboca en la identidad de los pachucos.

El punto más criticado de la identidad de los pachucos es la modificación que han hecho al lenguaje, sin embargo, Canclini comenta en relación al spanglish: “como si el español y el inglés fueran idiomas no endeudados con el latín, el árabe y las lenguas precolombinas”; es así que el llamado caló que ocuparon los pachucos, es una hibridación entres un dialecto de un pueblo que dio origen a México y dos idiomas que fueron impuestos por los colonizadores, por lo que el nacimiento de un posible nuevo idioma o la reinvención de ciertas palabras de uso diario deben de ser vistas más allá de una destrucción de “lo puro” y “lo auténtico”. Canclini menciona que “el énfasis en la hibridación no sólo clausura la pretensión de establecer identidades “puras” o “autenticas”. Además, pone en evidencia el riesgo de delimitar identidades locales autocontenidas, o que intenten afirmarse como radicalmente opuestas a la sociedad nacional o la globalización”.

El concepto de “hibridación” es tomado del campo de la biología y se defiende su uso al poner de ejemplo las hibridaciones fértiles que aprovechan características de otras células para mejorar crecimiento, resistencia o calidad. La riqueza de la apropiación que realizaron los pachucos para construir su propia identidad se ha mantenido hasta nuestros días y ha creado nuevos híbridos. Podemos mencionar la influencia que tuvo Tin Tan y la figura del pachuco en el movimiento chicano – desde la literatura hasta el cine que rompió con los estereotipos hollywoodenses- o como permeó la forma de bailar o jugar con los sonidos en grupos mexicanos de rock como La Maldita Vecindad, Panteón Rococó o Café Tacvba – agrupaciones que a su vez fusionaron ritmos como el huapango o el danzón con las guitarras eléctricas y la batería-.

La hibridación ocurre de forma no planeada. Se da por procesos migratorios y al mismo tiempo depende de otras hibridaciones que ya han sucedido. Los pachucos tuvieron que adaptarse a su tiempo y a las circunstancias que vivieron – mismas que es muy fácil cuestionar desde afuera, en la comodidad de un escritorio-. Aunque puede que existan casos en los que los sujetos pertenecientes a estos grupos no se sintieran pertenecientes a ninguna de las dos culturas (la mexicana y la estadounidense), son más marcados los ejemplos en los que los pachucos lucharon por rescatar sus costumbres e inconscientemente hibridaron su identidad.