‘La Primavera’, la obra que explica la transición hacia el Renacimiento

Publicado en Cultura el lunes 2, marzo, 2020

La Primavera muestra lo que en primer lugar parece una fiesta en un bosque, sólo que al ir interpretando la iconografía su significado empieza a cambiar. La figura central es una mujer de gran belleza que viste de rojo, de apariencia noble y que, con el gesto que hace con su mano, parece se encarga de todo. Arriba de ella un ser alado revolotea y con los ojos vendados lanza una flecha hacia la izquierda, a lo que parecen ser tres mujeres bailando. Cerca de ellas se encuentra un sujeto que porta una espada y mira hacia arriba con un instrumento; también se considera observa unas naranjas que cuelgan. Del otro lado, a la derecha, sucede algo insólito: un extraño ser simula estar raptando a una mujer, y de la boca de ésta brotan plantas; a su lado, una mujer de porte orgulloso y ropas elegantes luce ajena a lo que acontece. Arriba de ellos hay unos frutos colgando de los árboles, al parecer, manzanas. En el suelo crecen muchas flores y la vegetación es palpable en cada rincón. 

Los personajes se encuentran en el Jardín de Atlas o de las Hespérides, que es el huerto de la diosa Hera o Juno, y lugar en donde residían las ninfas; en este sitio crecían las manzanas doradas que proveían la inmortalidad. Por lo tanto, la figura central es una representación de Venus, diosa de la fertilidad, la belleza y el amor; es fácil de reconocer ya que viste de rojo, y es la diosa más importante de las que se representan en La Primavera; también, otra manera de identificarla es el ser alado que la acompaña arriba, Cupido, ya que era común que en el Renacimiento estos dos personajes se representaran juntos.

A un lado de ellos, las tres mujeres serían reconocidas como las Hespérides o Gracias, las guardianas del jardín: Voluptuosidad, Castidad y Belleza, quienes se encuentran danzando en aparente celebración. Cerca de ellas se encuentra Mercurio, como parte del séquito de Venus, se puede identificar gracias a las pequeñas alas que salen de sus sandalias. El historiador de arte, Horst Bredekamp expone que se encuentra en contraparte de un personaje que está en el extremo derecho: Céfiro. Según Ovidio, en el Libro V de los Fastos, se relata como la diosa de la primavera, Flora, describe que antes de serlo, era una ninfa llamada Cloris: 

Yo era Cloris, ahora me llamo Flora […] era una ninfa de las llanuras felices, donde sabes que antes afortunados hombres tenían su medio de vida; modesta como soy, se me hace duro exponer la belleza que tuve. Pero esa belleza le encontró a mi madre un dios por yerno. Era primavera; yo iba paseando; el Céfiro me descubrió, yo iba a alejarme. Me persiguió, yo huía; él era más fuerte […] emendó su acto violento, dándome el nombre de esposa, y no tengo queja ninguna de mi matrimonio. Gozo de primavera eterna: el año está siempre sonriente, los arboles tienen siempre hojas, la tierra siempre pastizales. Tengo en los campos que constituyen mi dote un jardín exuberante: el viento lo respeta, una fuente de agua cristalina lo riega. Mi marido cubrió este jardín de flores generosas y me dijo: “Tú, diosa, ostenta la soberanía de las flores”. (Fastos, 177-178)

De esta manera, las figuras de la derecha quedan explicadas, puesto que se trata de Céfiro raptando a Cloris, mientras ella expulsa flores de su boca, ya que está por convertirse en la diosa de la primavera. Sin embargo, la figura que está al lado de Cloris resulta aún más misteriosa al aventurarse a decir que es la mismísima Cloris, sólo que representando a la diosa Flora, y por eso se sostiene tan orgullosa: ha dejado de lado el rapto y ahora se alza en su nueva identidad.

Durante la Edad Media era común retratar diferentes historias en un mismo plano; hay una manera de darse cuenta en la historia de Céfiro, Flora y Cloris que se oculta en los movimientos de la vestimenta, ya que ésta va hacia lados contrarios haciéndose a la representación de que el viento que sopla en la imagen pertenece a tiempos distantes.

No obstante, lejos de la explicación mitológica y de la relación entre los personajes, se esconde un trasfondo histórico en el que se vio envuelta la pintura, ya que ha sido estudiada e interpretada múltiples veces. En primer lugar, Sandro Botticelli estaba fuertemente relacionado con los Medici, y se dice que fue Lorenzo di Pierfrancesco (Popolano) de la línea más joven de los Medici, quien le encargó la pintura, inspirado en un poema que le dedicó Bartolomeo Scala: De Arborirus (De los arboles). Este poema trata del cultivo y cuidado de árboles y no guarda ningún significado político, aunque se aplica la metáfora de que el mundo vegetal podría ser Florencia, y se relaciona con la aproximación fonética que existe entre Flora y Flor. 

Debido al parecido que existe entre estas palabras, se puede remitir al mito antiguo y a tratar de hacer ver a Florencia como el mismísimo jardín de las Hespérides. Pese a esto, Bredekamp, en su estudio de La Primavera se refiere múltiples veces al término “reino vegetal”, haciendo mucho énfasis en esta ultima palabra; él expone que es este carácter vegetal el que predomina en la pintura, y que es una alegoría a como Florencia es en sí un paraíso terrenal. 

Venus es representada como la diosa principal y los demás solamente la acompañan, ella es el centro de todo: el amor, la belleza, la fertilidad, inclusive puede que, de ser por ella, Flora haya aceptado a Céfiro; aunque en La Primavera se le representa acompañada de Cupido lanzando una flecha, la incógnita de para quién estaba dirigida también se hace presente. Flora posee una actitud altiva, un porte orgulloso, incluso la vestimenta rodeada de vegetación dice algo sobre su fuerza; mientras el rostro de Venus y sus gestos representan una total calma, señal de que ella está a cargo. No hay límites ni dudas en su poderío. 

Bredekamp hace una alegoría muy importante al relacionar a Venus con Prosepina, la reina del inframundo. En la pintura de Botticelli se retrata a Venus con una gargantilla de la que cuelga un rubí, en representación del color rojo (de las rosas que nacieron cuando Venus tocó tierra), pero la base de éste forma una de media luna, la cual se relaciona directamente con Prosepina que fue raptada por Plutón, quien la convirtió en su esposa. Por ruegos de su madre, a Prosepina se le permitió regresar a la Tierra cada primavera, las flores florecerían con su retorno y, cuando volviera a descender, el invierno volvería. 

La semejanza que Prosepina tiene con Cloris es evidente, puesto que ambas fueron raptadas y se relacionan con la primavera. No obstante, la figura de Prosepina tiene un peso mayor, ya que es la reina del inframundo y al bajar, la Tierra recibe el invierno como añoranza a su figura. Por esta razón es la primavera de los infiernos. 

No cabe duda de que La Primavera todavía puede esconder muchas más cosas entre sus pinceladas, pero sobre todo trae a este mundo renacentista el regreso de los antiguos dioses, quienes no fueron olvidados, que regresan porque aún pueden representar algo; ya sea para dar a entender que Florencia era un intento del Jardín de las Hespérides en la Tierra o como simple adorno en la pared de un Medici. La Primavera es el triunfo de lo Antiguo en el Renacimiento, ya que revivir a los dioses antiguos y retratarlos de una nueva manera, inclusive al desnudo, es un acto de rebelión. Era sólo el inicio, y la primavera como tal, es el comienzo de las demás estaciones; es el principio de un nuevo ciclo, al igual que el renacimiento.

Vía: https://culturacolectiva.com/