Las lecciones de La Sociedad de los Poetas Muertos

Publicado en Cultura el lunes 9, marzo, 2020

Por Mónica Garrido

En una sala que tiene solo estudiantes hombres que conversan animosamente mientras encuentran sus lugares, ingresa Mr. John Keating (Robin Williams), silbando tranquilamente con libros bajo el brazo.

Los alumnos inmediatamente se ordenan, guardan silencio, y ponen expresión de duda cuando su profesor abandona la sala y vuelve a los dos segundos señalándoles que salgan.

“Oh Captain, my captain” (1865), la icónica frase dicha en la cinta La Sociedad de los Poetas Muertos  (1989) por el profesor recién llegado, es un poema escrito por Walt Whitman en honor al presidente estadounidense Abraham Lincoln.

Fue no fue este el elegido por Mr. Keating para introducir a sus alumnos en la belleza de la poesía, aquel formato literario que permite la expresión de palabras por medio de diversas figuras.

“To the Virgins, to Make Much of Time” (1648) de Robert Herrick, fue leído por uno de sus estudiantes para enseñarles la relevancia de disfrutar el presente.

Recojan capullos de rosas mientras pueden,
El viejo tiempo sigue volando;
Y esta misma flor que hoy sonríe
Mañana estará agonizando.

Carpe Diem, aquel género lírico al que pertenece el poema, se traduce del latín como “Aprovecha el día”, y fue esa la primera lección de Keating a aquellos estudiantes que se les inculcó la tradición, el honor, la disciplina y la excelencia como pilares fundamentales.

“Somos comida de gusanos, muchachos. Lo crean o no, todos nosotros vamos a dejar de respirar, nos pondremos helados y moriremos”, dijo el nuevo profesor de literatura, quien -al igual que ellos- fue un estudiante de la estricta Escuela Helton en Nueva Inglaterra. “Hagan que sus vidas sean extraordinarias”.

Perseguir los sueños y expresar lo que sienten es lo que mejor resume lo que Keating pretendía motivar en sus estudiantes. Tras verlo destruir una estructura que determina una suerte de mecánica para componer poesía, cuatro estudiantes se interesan por saber quién es este hombre tan diferente a lo que conocían como docentes hasta ese momento.

La Sociedad de los poetas muertos surge -o más bien, surge nuevamente- cuando Neil, Todd, Knox y Charles encuentran a Mr. Keating en un anuario escolar como parte de este particular club. Entre frustraciones vocacionales, enfrentar la timidez y aprender a conocerse a sí mismos, el grupo de amigos comienza a reunirse en una cueva para revivir el espíritu de esta suerte de cofradía de antaño.

“En mi clase aprenderán a pensar por Uds. mismos”, dijo Keating en uno de sus primeros lecciones. “Aprenderán a saborear la palabra y el lenguaje. Porque, a pesar de lo que les digan, la palabra y las ideas pueden cambiar el mundo”.

Como profesor de literatura, no se ceñía a una pauta de lecturas obligatorias con libros y poemas tradicionales. El personaje de Robin Williams prefirió enseñarles la riqueza del lenguaje y su poder transformador. “No digan que están cansados, digan que están exhaustos”.

Y es que la clave de la poesía, de las artes, es expresar aquellas emociones que nos embargan. Las carreras tradicionales sí, generan trabajos necesarios y suelen dar buen sustento económico, pero no por ello son los únicos caminos a seguir: “La medicina, el derecho, los negocios y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos”, dijo John Keating a sus alumnos.

En una de sus cátedras, Keating se adueñó completamente del espacio que tenía y se subió a la mesa destinada al profesor. “Me he subido a la mesa para recordarme a mí mismo que debemos mirar constantemente las cosas de una manera diferente. El mundo se ve distinto desde aquí arriba. Si no me creen, vengan a probarlo”.

La importancia de hacer su propia ruta y no seguir la establecida por otros, es discurso permanente en la cinta. No solo por medio de las enseñanzas de Mr. Keating, sobre todo con la historia de Neil, quien quería ser actor, pero era presionado por su familia para estudiar medicina.

“Sólo al soñar tenemos libertad. Siempre fue así y siempre será”, le respondió el profesor de literatura al director de Helton, reafirmando su idea de que la inconformidad es necesaria para encontrarse a sí mismo.

“Todos necesitamos ser aceptados, pero tienen que entender que sus convicciones son suyas. Aunque a los otros les parezcan raras o impopulares, aunque el rebaño diga ‘eso no está bien’, deben encontrar su propio paso, su propia manera de caminar, en cualquier dirección, como quieran, sea ridícula, orgullosa, como sea”.

Por lo mismo, aclaró a sus alumnos que al leer no se quedaran solo con lo que el autor piensa, también deben considerar lo que ellos mismo piensan al leer. Pero ojo, porque ser diferentes y seguir sus sueños, no implica arriesgar todo en un sinsentido. “Hay un momento para el valor y otro para la prudencia. El que es inteligente, sabe distinguirlos”.

Henry David Thoreau, escritor poeta y filósofo estadounidense, publicó en 1849 su escrito Desobediencia civil y otros ensayos. En él se distingue una tesis oscura sobre el sentir humano. “La masa de hombres lleva vidas de desesperación silenciosa. Lo que se llama resignación se confirma desesperación”. Y es a Thoreau que La Sociedad de Los Poetas Muertos postula que hay que contrariar.

Una trágica e inesperada muerte cambia la perspectiva de los estudiantes de Helton, inmersos por años en un régimen de “tradición” y formalismos. En esas circunstancias, los consejos de un profesor en principio desconocido, cobraron aún más sentido.

“No se resignen. Libérense. No caminen por la orilla, miren a su alrededor. Atrévanse a ir lejos y encontrar nuevos terrenos”, proponía Mr. Keating en contraposición a la histórica tesis de Thoreau.

El Capitán en nuestras vidas, somos nosotros mismos.


Vía: https://culto.latercera.com/