Ella fue Rosario, la madre y la poeta de todas

Publicado en Dulcineas el miércoles 25, mayo, 2016

Y cuando yo muera, dadme la muerte que me falta

Y no me recordéis

No recordéis mi nombre hasta que el aire sea

Transparente otra vez

Rosario Castellanos

Este día la poeta Rosario Castellanos cumpliría este año 91 años, y decidió romper los estereotipos que acompañaron a la mujer durante su época.

La escritora nació el 25 de mayo de 1925 en la Ciudad de México, supo plasmar su ideología feminista con el fin de reivindicar a la mujer en un ambiente rodeado de hombres, a través de dos obras de teatro y quedó evidenciado en su ensayo «Mujer que sabe latín» (1973), señaló Conaculta en un comunicado.

Castellanos consideraba que a lo largo de la historia, la mujer ha sido fundamentalmente un mito, en el que ha fungido como víctima y cómplice; decía que se han dado imágenes falsas del género femenino, que impiden la contemplación libre y directa de ese ser que ha sido sustituido.

Existe, entonces, una visión distorsionada de lo que es la mujer y su naturaleza verdadera, hasta el punto que para conocerse a sí misma, se ha enfrentado a esos imaginarios, rechazarlo y empezar a crear su verdadero rostro, opinaba.

Castellanos fue una de las pocas escritoras mexicanas del siglo XX que incursionó en diversos géneros como la poesía, la narrativa, el ensayo y textos periodísticos; no obstante, también se introdujo en las artes escénicas, a través de las cuales expresó su defensa de los derechos de las mujeres.

Esta faceta la llevó a ser reconocida como símbolo del feminismo latinoamericano, principalmente por su obras «Tablero de damas» (1952) y «El eterno femenino», que se publicó póstumamente, en 1975.

De acuerdo con el Conaculta, en ocasiones se le señaló como un personaje polémico por su estilo subversivo e irreverente, que criticaba y rompía con los estereotipos femeninos impuestos por la sociedad, así como la temática indígena que ocupó gran parte de su pensamiento, en un contexto histórico en el que se trataba de sectores marginados.

En su obra «El eterno femenino», recordó, se aborda la historia de «Lupita», quien está por casarse y acude a un salón de belleza en busca del peinado ideal para la boda y la dueña del local le coloca una secadora de pelo que incita a las clientas a tener sueños con el fin de mantenerlas distraídas.

De esta manera, continuó, la protagonista comienza a tener visiones en las que aparecen personajes femeninos que han causado controversia en la historia, como La Malinche, Sor Juana Inés de la Cruz y Carlota, entre otras, en las que se ve reflejada al punto de despertar aterrorizada ante la idea de adoptar estereotipos en los que la mujer aparece como víctima.

La institución refirió que Laura Guerrero Guadarrama, en su libro «La ironía en la obra temprana de Rosario Castellanos», señala que con la historia de «Lupita», la escritora despoja el sentido del matrimonio, la virginidad, el noviazgo y a toda la parafernalia de las canciones cursis, las telenovelas y el melodrama mexicano.

Incluso, la historia misma se cuenta de otra manera, pues personajes como Sor Juana, la Corregidora, La Adelita y Carlota son representados con humor y sin solemnidad, capaces de reír y burlarse, añadió.

Comentó que el escritor Eduardo Mejía ha establecido que «Tablero de damas» es un retrato exagerado de la sociedad literaria femenina en México en la década de 1950, lo cual hizo que en ese momento algunas intelectuales se sintieran ofendidas o aludidas.

La protagonista, indica el autor, resulta ser una versión de Gabriela Mistral y la fauna dibujada muestra a las mujeres que escriben más por una postura social que por vocación, deshaciéndose de frustraciones.

Rosario Castellanos falleció en Tel Aviv el 7 de agosto de 1974 y sus restos fueron sepultados en la Rotanda de las Personas Ilustres, en la Ciudad de México, recordó el Conaculta.

Entre sus novelas se encuentra «El rescate del mundo» (1952), mientras que en su labor ensayística sobresale «La novela mexicana contemporánea y su valor testimonial» (1966), «El uso de la palabra» (1974), «El mar y sus pescaditos» (1975) y el libro «Cartas a Ricardo» (1994).

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