Apuntes sobre “The Broken Man”, un capítulo de #GameOfThrones

Publicado en Magazine el jueves 9, junio, 2016

Por Ángel Alayón

Los hermanos Frey amenazan a Blackfish con ahorcar a Edmure Tully. Le piden que se rinda y que entregue el castillo de Riverrun. Blackfish, displicente, les dice que lo maten. No lo hacen. La amenaza no era creíble.

En el lenguaje de la teoría de juegos, una amenaza no creíble es aquella que de ejecutarse deja al jugador en una peor posición que antes de ejecutarse. Por eso es no creíble, porque se supone que nadie juega para perjudicarse a sí mismo. También es cierto que una amenaza puede ser no creíble porque el amenazado no se ve afectado por la ejecución de la amenaza (o el costo de ver cumplir la amenaza es insignificante en términos relativos).

Jaime y Blackfish conversan. Jamie promete un asedio sin tregua. Blackfish le dice que tiene dos años de provisiones y niega la posibilidad de negociación.

Ya sabemos, al menos desde Troya, que los asedios largos nunca terminan bien.

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El odio es la última de las técnicas de la autoayuda en Westeros. “El perro” está de regreso y respira sólo por la posibilidad de vengarse. El Septon, quien lo rescató malherido, le recuerda a sus seguidores que la violencia es una enfermedad y que una enfermedad no se cura contagiando a los demás. Luego del inspirador discurso, todos los miembros de la secta son asesinados. Todos excepto “El perro” quien ahora toma el hacha y se marcha a intentar ser el nuevo punto cero de una epidemia, en un mundo donde la palabra final es del acero.

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Margaery se ha convertido en una celosa practicante de la Fe de los Siete. Es una estrategia de supervivencia. A pesar de la estricta vigilancia de la Septa Unella, la Reina logra transmitirle a su abuela Olenna que debe marcharse, que su vida corre peligro, que confíe en ella, a pesar de su extraña conducta. Le dice todo eso con el dibujo de una rosa, el símbolo de la Casa de los Tyrell.

Una rosa puede no ser sólo una rosa.

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Jon Snow y Sansa Stark intentan conformar un ejército para enfrentar a Ramsay Bolton y recuperar Invernalia. Los Stark han dominado el Norte pero ya no tienen la misma influencia que antes. El Norte recuerda, pero también conoce lo debilitados que están.

Las alianzas en políticas, dice la teoría, se construyen sobre el interés mutuo. Ambas partes deben ganar para que exista una alianza. Apoyar a los Stark para ayudarlos a recuperar el trono es una apuesta riesgosa y con beneficios inciertos. Pero Ser Davos pone  la decisión en perspectiva, en especial con la joven Lady Mormont: el Norte debe ser reunificado si se quiere resistir con éxito el ataque del Rey de la Noche y sus Caminantes Blancos. Es el mismo argumento que utiliza Snow con los Salvajes. Los Bolton, los Karstark, los Umber vendrán por ustedes si soy derrotado, les dice el bastardo. Y con eso les hace ver que su supervivencia depende de la victoria de los Stark.

Como diría Borges, no nos une el amor, sino el espanto.