Robert Downey Jr.: de tener los bolsillos llenos de droga a tenerlos llenos de dinero

Publicado en Magazine el jueves 3, septiembre, 2020

Damos por hecho que a estas alturas de la historia, y habiendo pasado cerca de un año desde el estreno de Vengadores: Endgame, todo el mundo sabe cómo acaba la película, y si no lo sabe es porque no le importa. Así que ahí va: Iron Man muere al final, su sacrificio es el que salva al planeta (y al universo) del insidioso malthusianismo de Thanos, y de esa manera el actor Robert Downey Jr. -que este 4 de abril cumple unos estupendos 55 años- completaba con honor un ciclo de actuaciones que le había metido en la piel -y en la coraza de acero- del personaje que ha terminado por arreglarle la vida, convirtiéndole en uno de los actores mejor pagados de Hollywood en dura competencia con The Rock, y también salvándole de volver a caer en el precipicio al que se asomó peligrosamente en una etapa en la que se drogaba demasiado.

Downey Jr. aceptó ser Iron Man -es decir, Tony Stark- en un momento en el que hacía poco que había salido de rehabilitación, se había divorciado de su primera esposa, Deborah Falconer -con quien se casó en 1992 tras, se dice, 42 días de intenso cortejo-, y prácticamente nadie, salvo sus amigos más fieles, quería darle trabajo. En realidad, Robert Downey Jr. era casi un apestado en Hollywood: durante un periodo largo de cinco años, entre 1996 y 2001, su vida personal se desmadró y protagonizó varios episodios de detenciones y escándalos por posesión o consumo de drogas. Nada faltaba en su bolsillo pequeño del pantalón tejano: cocaína, heroína, marihuana. Era el mejor cliente de los camellos, y no quería salir de esa espiral vertiginosa que le llevaba al hoyo. Incluso cuando ingresó en un programa de desintoxicación en 2001 se fugó alguna que otra vez y recayó en el vicio sin pestañear. Eran los tiempos en los que competía con el cantante de The Libertines por ver quién era el más yonki del mundo.

Después de tocar fondo, Robert Downey Jr. consiguió remontar y en 2003, según propia confesión, consiguió desengancharse del todo, y se casó un año después con la productora de cine Susan Levin. Desde entonces no ha vuelto a beber ni a drogarse -lo que, por su buen aspecto y la falta de noticias escandalosos en todos estos años, damos por cierto-, algo que para él tuvo que ser difícil, pues fue su propio padre, el director y actor Robert Downey Sr., quien le animó a probar la marihuana cuando tenía sólo seis años. Pero que estuviera limpio no significaba que las agencias y los directores se fiaran de él. Entre 2003 y 2007 su vida fue una dura travesía por el desierto en la que se tuvo que conformar con papeles menores, dignos pero no especialmente bien pagados. Se cuenta que se le contrataba con reticencia -y por poco dinero- sobre todo por el coste del seguro: si Downey Jr. hubiera recaído, la compensación por daños y perjuicios habría hundido cualquier producción y arruinado a los inversores.

El actor, durante un juicio por posesión de drogas, en 1999.GTRES

Cuando aceptó ser Iron Man -un superhéroe en una época en la que, a diferencia de ahora, los superhéroes estaban mal vistos, y para un actor meterse en una armadura de lata era una cosa degradante-, su contrato especificaba que cobraría medio millón de dólares por el papel. O sea, entre bien y calderilla para las tarifas de Hollywood. Pero eso iba a cambiar. Marvel Studios acababa de nacer, nadie contaba con que se convertiría en la gallina de los huevos de oro de la última década, y Downey Jr. era un intérprete carismático, con buena planta y experiencia en la vida canalla que quedaba muy bien en la piel del playboy Tony Stark. Desde entonces ha aparecido en unas siete películas de la franquicia Marvel, y su salario ha crecido exponencialmente. Por Vengadores: Endgame cobró 20 millones sólo por el papel, y se calcula que otros 50 millones de dólares más en porcentajes de taquilla y otros extras.

Con esos ingresos es normal que quiera estar lejos del caballo, y no tocar la merca ni con un palo. De ser un desahuciado de Hollywood, un joven prometedor que derivó en oveja negra, Downey Jr. disfruta ahora de una posición privilegiada como actor maduro al que le van muy bien tanto los registros heroicos (sus papeles en la franquicia Sherlock Holmes), los cómicos e incluso los dramáticos. Sirve para hacer de fanfarrón y de hombre común agobiado por el peso de la existencia, ha salvado el mundo y, al final, también se ha salvado a sí mismo. Incluso la historia de Iron Man/Tony Stark -que pasa de ser un millonario frívolo a un hombre comprometido con los más altos valores que no duda en sacrificarse por el bien común, cuando podría haber elegido a su familia- puede entenderse como una parábola de su propia vida.

Sus ingresos acumulados a lo largo de su carrera se calculan ligeramente superiores a los 300 millones de dólares sólo en salarios por sus películas, sin contar su paso por la publicidad o en los negocios. Esas cantidades son, sobre todo, las de los últimos diez años: si por Iron Man 1 cobró 500.000 dólares, en Iron Man 2 elevó la minuta a 10 millones, y desde entonces nunca ha bajado de esa cantidad, que ha invertido principalmente en posesiones inmobiliarias: una mansión en Los Ángeles, otra en Manhattan y una finca con caballos en Malibú a tiro de piedra de la playa. A lo que cabría añadir que Robert Downey Jr. es un personaje de fábula moral, un ejemplo para las jóvenes generaciones: la demostración de que de la droga se sale y, a veces, se sale a lo grande.

Vía: https://www.elmundo.es/