‘El rock es mi religión’; los hermanos judíos que hacen covers a Pink Floyd

Publicado en Música el sábado 8, octubre, 2016

Para los judíos practicantes, esta es la semana en donde analizan las acciones y decisiones que tomaron durante el año. El lunes pasado se celebró Rosh ha shaná, el inicio de un año nuevo. El año nuevo número 5,777, para ser exactos. La semana que viene seremos juzgados en el día del perdón, Yom Kipur, el más sagrado de todos. Ese día es nuestra oportunidad par redimir todos nuestros pecados. Por eso ayunamos, no nos bañamos y rezamos todo el día para concentrarnos únicamente en ello. En la noche, Erev Yom Kipur, dios, el nuestro, que aparentemente es el papá del suyo (cristianos), si es que suplicamos bien y nos arrepentimos verdaderamente de nuestras faltas, nos inscribe en el libro de la vida hasta el día del juicio del año siguiente.

En esta semana de reflexión, se me antojó hablar sobre los hermanos Gat. Dos judíos ultra-ortodoxos que rompieron esquemas a través del rock. En lugar de cuestionarme por qué me gusta tanto robarme los vasitos de algunos restaurantes para tomar mi espresso cada mañana, o de arrepentirme tremendamente de haberme robado un par de ejemplares estúpidamente caros de una librería de viejo, les voy a contar la historia de este dúo de rabinos que rompió los esquemas rígidos de la ortodoxia judía con su dosis de Pink Floyd. Dios me perdone todos mis pecados con este texto.

INTRODUCCIÓN A LOS JUDÍOS 101

Como cualquier subcultura denominada bajo el prefijo «ultra», judíos ultra-ortodoxos son un tema de controversia en la sociedad israelí, que en su mayoría es liberal y secular. Lo que estoy diciendo no es una contradicción aunque lo parezca. Para los israelíes la identidad judía viene de la mano con su nacionalidad, pues Israel se fundó como un Estado judío y pueden llevar una vida espiritual mucho menos rígida que muchos de los judíos que vivimos en la diáspora. Por ley, el servicio de transporte público descansa en Shabat, el día de descanso judío que empieza en el atardecer del viernes hasta el atardecer del sábado, y tampoco en los días de festividades judías. La inserción de la ley judía en la cotidianidad y servicio militar han reconfigurado el significado del judaísmo para los israelíes durante años.

Los judíos ultra-ortodoxos representan aproximadamente el diez por ciento de la población de Israel que actualmente es de ocho millones de personas. Algunos tienden a ser agresivos en sus esfuerzos para imponer sus normas en los espacios públicos, como el tipo que se puso a apuñalar gente con un cuchillo en plena marcha de orgullo gay en Jerusalén en el verano de 2015. La mayoría rechazan los medios de comunicación modernos y la tecnología, se rehusan a cumplir con sus servicios militares y a tener un «trabajo secular». Esto significa que muchos de los hombres no trabajan y estudian la Torá en su lugar. El estudio de los textos sagrados y el cumplimiento de los 613 preceptos es la más alta vocación en su concepción de la vida. Tienen familias grandes de muchos, muchísimos hijos porque los anticonceptivos y la masturbación son pecado, y con frecuencia son pobres, entonces pagan menos impuestos que el resto de la clase trabajadora. Obligarlos a servir en el ejército y a insertarse en el mercado de trabajo es un debate muy serio actualmente en el parlamento israelí.

Esta segregación también se ve reflejada en la música. En las bodas y en los eventos sociales de familias de corte muy devoto, solamente se escucha música en hebreo cantada por hombres. Una mampara o algún elemento divisorio separa la fiesta entre hombres y mujeres porque creen que ver bailar o cantar a una mujer es demasiado provocador, por ende es contrario a la ley judía. A pesar de eso, han existido algunos iconos ultra-ortodoxos en la cultura popular israelí. Uno de los cantantes de blues y guitarristas más populares en el país es Lazer Lloyd, quien predicaba que usar términos como «ultra-ortodoxo y «secular» son un obstáculo para la integración del pueblo.

LOS HERMANOS GAT O LOS RABINOS DEL ROCK PSICODÉLICO

Los hermanos Gat crecieron en Eilat. Una ciudad playera hacia el sur de Israel donde los turistas se van de borrachera toda la noche, a asolearse el cuerpo todo el día y comprar baratijas en el mercado ambulante que se pone en su malecón, donde me hice la perforación que hasta ahora traigo en la nariz. Fue en Eilat y su ambiente mayoritariamente «secular», nomás para llevarle la contra al señor Loyd, que Los Gat desarrollaron su amor por la música moderna. Al pie del Mar Rojo, escuchando a los Beatles, a Pink Floyd y a Eric Clapton. Antes de pasarse al lado ortodoxo de la fuerza hace 16 años, Arie aprendió a tocar la guitarra y más tarde se convirtió en un batería profesional. Gil pasó algún tiempo en Nueva York tocando en clubes de jazz y bares de blues.

Ya convertidos en rabinos ultra-ortodoxos, los Gat empezaron a tocar en las calles de Jerusalén, particularmente en la famosa Ben Yehúda, con el casquete de la guitarra abierto para recaudar un par de monedas que les dieran de comer. Los rumores dicen que lograron vivir de eso en su momento. Durante un par de años reunieron una buena base de fans lo suficientemente grande como para que en 2013 los productores del show de talentos más popular de la televisión en su país les echara una llamada y los reclutaran para el programa.

Los Gat se convirtieron en uno de los participantes más queridos de Rising Star, y su desempeño confrontó a la sociedad israelí con una serie de cuestionamientos milenarios. ¿No estará prohibido para un par de ultra-ortodoxos escuchar rolas de Pink Floyd? Los hermanos Gat declararon que no. Según reportó AP en su momento, los hermanos explicaron que no estaban haciendo nada fuera de la regla, que habían consultado con sus autoridades religiosas y que en lo que ellos hacen hay mucho amor. «La música derriba todas las barreras entre las personas seculares y religiosas,» explicó Gil. «Dicen que lo que estamos haciendo es santo, que es la obra de Dios, ya que crea amor y la conexión,» dijo respecto a lo que dijeron sus rabinos sobre su participación en el show.

Ellos en el Washington Post en su momento. Dicen que algunos amigos o vecinos estaban conscientes de ello y que sus esposas solo ven una versión editada del show después de que salían al aire.

TIEMPOS DE REFLEXIÓN

No sé el nivel de injerencia social que haya provocado la polémica pero bien recibida participación de los Gat en Rising Star. Perdieron frente a un galán que canta baladas, Evyatar Korkus, que entonces tenía 20 años y probablemente todo el mundo los haya olvidado después. Tienen una agencia de management pero no hay ninguna pista de que hayan conseguido un contrato con alguna disquera. Lo que sí sé es que en la profunda crisis de identidad que me provoca pertenecer a una generación mórfica de este siglo y a una cultura milenaria muy demandante al mismo tiempo, es que este tipo de proyectos aparentemente indefensos sí desatan agentes de cambio.

Este par de señores barbudos que hacen covers de un rock viejo que alguna vez fue subversivo, es solo un acto simpático desde la superficie. Pero creo que aún desde la música más sobada y desgastada, los Gat lograron mover tantito el tapete de una sociedad que está muy atravesada por la religiosidad. O por lo menos, a mí me dieron una lucecita de esperanza.

Vía Noisey