Un Guasón en la Casa Blanca

Publicado en Otros el miércoles 9, noviembre, 2016

 

Por Antonio Aguilera

@gaaelico

 

“Verás, no soy un monstruo. Sólo estoy más avanzado”

(El Guasón, en Batman The Dark Knight)

 

El Batman de Christopher Nolan nos brindó uno de los retratos más perfectos de lo que Hannah Arendt ubicó como la banalidad del mal: un nuevo tipo de criminal que actúa bajo circunstancias que le hacen casi imposible saber que está obrando mal. Al hablar de la banalidad del mal, ella se refiere a la irreflexión de quien comete crímenes actuando bajo órdenes, lo cual no lo libera de culpa pero sí lo hace sujeto de una nueva forma de juicio.

El Guasón (o el Joker, como le gusta referirlo a los cinéfilos) es la síntesis de toda una manifestación social y cultural humana que decide defender sus privilegios y “derechos”, así sea a costa de cometer los más infames crímenes. Así lo creyeron los nazis, como Adolf Eichmann, y así lo hicieron los millones de estadunidenses blancos, sumados a algunos latinos ladinos y otras minorías, que le provocaron la mundo una de las más terribles jugarretas al votar y darle el triunfo a Donald Trump este martes.

El crimen fue el voto, la consecuencia, la irrupción de un nuevo modelo de poder, pero que no es tan nuevo: el neo conservadurismo nacionalista. En la Casa Blanca arriba un nuevo tipo de Guasón, un clown político, que respeta los moldes originales del Joker: incendiario, ególatra, misógino, provocador, disparatado, brillante y con un espíritu que busca la estética en toda manifestación decadente.

En una de las frases más memorables del personaje que recreó el desaparecido actor Heath Ledger, el Guasón se pintaba de cuerpo entero, así como lo ha hecho Trump a lo largo de su campaña presidencial: “Soy un tipo de gustos sencillos. Me gustan la dinamita, la pólvora y la gasolina. ¿Y sabes qué tienen en común? Que son baratas”.

Pero ¿Quiénes son los que llevaron a Trump a la Casa Blanca?: el grupo demográfico más importante del electorado de Donald Trump lo conforman los hombres blancos de clase trabajadora. Los llamados “rednecks”.

Un redneck es un ciudadano sencillo, sin grandes aspiraciones en la vida, sin demasiado nivel académico (quizá llegó a la preparatoria), conforme con sus limitados confines intelectuales, que trabaja en un restaurante, una fábrica o en cualquier otro empleo de baja categoría y mal remunerado, pero que, a pesar de todo, es dichoso por el simple hecho de poder adquirir un automóvil a crédito. El problema radica en que este perfil social se está convirtiendo en el mayoritario, y es el que está gobernando el país. Un individuo que se regodea en su estulticia como el gorrino en su mierda. Son ni más ni menos que los blancos incultos de las áreas rurales en los estados del sur o de las zonas industriales. O, por así decirlo, «los americanos que se aferran Dios y a la pistolas» (parafrasenado al propio Obama).

Este fue el elector de Trump, y pueden sentirse felices de haber colocado a uno de los suyos en el poder de la Casa Blanca, con acceso privilegiado al maletín de los misiles balísticos nucleares.

La exaltación del patrioterismo más patético, el discurso del odio hacia el otro y lo diferente (llámese mexicano, negro, musulmán o gay), las promesas más disparatadas y la franco autosabotaje en el que se convirtió la campaña de la demócrata Hillary Clinton, le otorgaron la victoria a Trump y su circo del terror político.

En una de las escenas finales del Caballero de la Noche, el Guasón encara a Harvey Dent en la prisión, de cual escaparía espectacularmente, y le explicó que un tipo como él, es decir un Presidente como Trump, no requiere de grandes estrategias para llegar hasta donde ahora ha llegado: ¿Realmente parezco un hombre con un plan, Harvey? No tengo un plan. La mafia tiene planes, los policías tienen planes. ¿Sabes que soy, Harvey? Soy el perro que persigue un auto. No sabría qué hacer si llego alcanzar alguno. Sólo hago cosas. Odio los planes. Los tuyos, los de ellos, los de todos. Son personas esquemáticas tratando de controlar sus mundos. Yo no soy así. Yo les muestro lo patéticos que son sus intentos de controlar las cosas….”.