El tiempo de la razón: Las antiguas revistas estudiantiles en Morelia

Publicado en Perspectiva el domingo 7, agosto, 2016

Por Eduardo Pérez Arroyo

Morelia, Michoacán.- El Sol. Así se llamaba la que dirigía José Morales Contreras. Los estudiantes de normalistas publicaban La Escuela del Mañana, los de medicina la Médica y la facultad de jurisprudencia, la Jurídica. Juventud, la del Consejo Nicolaita, desde temprano fue de las más influyentes.
También había muchos que de manera autónoma se sentían tocados por la varita de la creación literaria y el cambio social y ponían manos a la obra. Los señores Salvador Franco, José Pulido, José María Mendoza, Carlos Mercado y Miguel Zúñiga iniciaban su Athena. Los señores Jesús Padilla y Rodolfo Tapia tenían la Revista de Michoacán. Otros tenían otras.
Las revistas literarias de las tres primeras décadas en Morelia tuvieron corta vida y mucha fecundidad. En una época de influjos revolucionarios y luchas entre la civilidad y la iglesia por hacerse del control de las instituciones relevantes en todo el mundo, las publicaciones aparecían como al espuma.
Con la misma rapidez desparecían. Algunas, pocas, lograban subsistir más allá del segundo número y entonces sus creadores o editores ya podían considerarse veteranos en el asunto. Las segunda y tercera décadas del siglo XX asistió a decenas de veteranos de las letras que mantuvieron vivo el debate y más de una vez llegaron a cambiar la historia de la ciudad. La triunfante Revolución comenzaba a triunfar en las conciencias.

La Revolución

El año del estallido de la Revolución no había trastornado en exceso al estado. Como todo el país, los michoacanos asistieron a meses de inseguridad, carestía y enfermedades, pero durante esos primeros meses la participación en el conflicto se remitió a ver pasar tropas armadas en dirección a otros lugares, las viejas estructuras perduraban firmes ante los embates del nuevo aire que encantaba a muchos y espantaba a los más y la ciudad, encerrada en sí misa, se resistía al cambio.
Al año esa indiferencia ante los sucesos había desaparecido para siempre. A partir de 1911, en el interior de estado surgieron varios grupos que apoyaron el levantamiento, capitaneados por varios nombres: Salvador Escalante, Ireneo y Melesio Contreras, Sabás Valladares, Marcos Mendez, Eutimio Díaz, Félix Ramírez, José Rentería, Benigno Serrano. Pronto los adalides de la nueva sociedad tomaban la política en sus manos y desplazaban a los viejos líderes cuya gloria debía pertenecer a viejas épocas.
Pocos años más tarde, en 1917, iniciaba el nuevo período constitucional y tras las elecciones de rigor Pascual Ortiz Rubio iniciaba su periodo como gobernador del estado. Era tiempo de utopías listas para llevarse a la práctica y sediciones libertarias que asomaban a nivel mundial. Con los nuevos tiempos surgían también los nuevos ímpetus de muchos que bajo el alero de la Universidad Michoacana sentían el llamado de la causa socialista, y a través de la educación se preparaban para implantar el la nueva sociedad de una vez y para siempre.

La Universidad

En 1917 nacía la Michoacana y desde su inicio la agitación social ponía obstáculos a su desarrollo. Las luchas políticas afectaron directamente el devenir académico a nivel estatal, y en consecuencia los rectores eran puestos y quitados del cargo con asombrosa eficiencia. Era tiempo de definiciones. La Universidad tenía que definirse.
La Universidad se definió. La ideología popular y la educación explícitamente democrática se encontraron pronto entre sus nuevas inquietudes. Durante varios años de ensayo y error, la Michoacana probaba diferentes métodos y consolidaba otros tantos. La llegada a la rectoría del médico Jesús Díaz Barriga, en 1926, parecía el triunfo de los que propugnaban un nuevo estado de cosas y veían a los sectores latifundistas y eclesiásticos como sus mayores enemigos. La llegada del general Cárdenas a la presidencia de la República apuntaló definitivamente esa renovación.
El período del rector Díaz Barriga coincidió con la fiebre posrevolucionaria y el socialismo que avanzaba por el mundo. La Michoacana no se quedaba atrás. Había que actuar rápido. El cambio social requería la ayuda de todos. A través de sus revistas, folletines, periódicos, organizaciones de ayuda y afanes libertarios, estudiantes y académicos colaboraban con el establecimiento de los nuevos tiempos y de paso enriquecían el acervo cultural de la ciudad.

Las revistas

La segunda mitad de los años 20 observaron la explosión de las letras de este tipo en la ciudad y en los diversos puntos de reunión universitarios era posible encontrar El Día, de Juan Abarca Pérez; Vanguardia, de José Palomares Quiroz y Jesús Ramírez Mendoza; La Esfera, de Gustavo Corona y Salvador Rodríguez Cuevas; Verbo Libre, de Jesús Padilla G. y Pablo G. Macías; Valladolid, de Pablo G. Macías; El Jicote, anónimo de corte humorístico y satírico; El Deber Social, de Jesús Pérez Ochoa y Pablo G. Macías; Helios, del director Leopoldo Velázquez Acuña, y Juventud, del Consejo Estudiantil Nicolaita con dirección de Alberto Cano.
Los nombres de las revistas abrazaban ese ideal libertario tantas veces expresado en discursos y conferencias. La década del 30 conservó la fecundidad y vio nacer otras tantas: Diferente, de Natalio Vázquez Pallares y Alejandro Rábago V; Mercurio, de la Sociedad de Alumnos de la Facultad de Comercio; Clarinada, de los nicolaitas; o Universidad, de la Academia Fausto bajo control de José Cortés Marín, José Molina Marín, Juan Hernández L., Jesús Bustos y Roberto Nieto.
También se contaban Renovación, de Alfredo de León Jr., Alfredo Romo y Gaspar Mota; Voces, de los editores David Franco Rodríguez, Marco Antonio Millán y Enrique Ramírez y Ramírez. Otras fueron Garibaldi, Labor, Orientación, Ímpetus, Afirmación, Índice, Divulgación, Izquierda, Bandera Nueva, El Criticón, Cauce, Impulso, G. R. U. A, Lucha, Nueva Vida, Gremio, Universidad Socialista, Atena, CEN, R. R. R, El  Proletario, Atalaya, Prisma, Labor…
Los nombres de los creadores o directores fueron por todos conocidos: Natalio Vázquez, José Campos, David Franco, Federico Pérez, Raúl Posadas, Prisciliano Mora, Fernando Escamilla, Mario Bremauntz, Alfonso Izquierdo, Saúl Martínez, Federico Pérez, Tomás Rico, Salvador Equíhua Enrique González, Arcadio Chacón, Manuel Solorio, Juan Hernández, Pablo Rivadeneira, Gilberto Ruiz, José Valdés, Francisco Ortega, María Oviedo, Octavio Chacona, Alfredo Loya, Jesús Puente, Jesús Bustos, Rafael Orozco, Jesús Izquierdo, Julián  Luviano, Esteban Figueroa, Jesús Carranza, Melesio Aguilar, Severiano Mora, Lauro Pallares, Porfirio García…
El progreso comprendía también otras actividades sociales y culturales y se organizaban conferencias para analizar tópicos como el problema petrolero en México, concursos de oratoria y los conocidos Cafés Nicolaitas, nacidos por esa misma época y que consistían en reuniones sabatinas para analizar asuntos educativos, culturales y de la vida política del estado y del país.
Las revistas literarias vivieron su época de gloría en los mismos años en que los estudiantes nicolaitas eran respetados por sus mayores, admirados por sus iguales y envidiados por quienes no formaban parte. Todo eso quedó atrás.
Entonces los nicolaitas se enorgullecían de su conocimiento y trascendían a través del estudio y no de la grilla. Los libros eran más importantes que los proyectiles y las demandas eran argumentadas con razones y no con tomas. Entonces el tiempo escaseaba y no había tiempo para perderlo. Entonces, el verdadero compromiso con los nuevos tiempos no admitía demora.

Croìnica revistas estudiantiles

Corta vida, ideas fecundas: estos fueron algunos de los medios impresos que alentaron el debate en los círculos intelectuales de principios del siglo XX en Morelia.