Historias de la Liga Municipal, parte 2: Los misteriosos caminos del gol, de Ixtapa y de la gloria

Publicado en Perspectiva el domingo 12, junio, 2016

Por Camilo Luciano André

–Concentración, señores. Esa es la clave del éxito: concentración– dice el Migue.

El Migue ordena las credenciales de los que entrarán. Los jugadores toman fotos, fuman, se burlan del Chota. Otros van al baño. Otros agarran un balón y se ponen a lanzar.

–Recuérdenlo: la clave es la concentración.

Sí, sí, responden todos al unísono. Ninguno se concentra.

Son pasadas las 15:00 horas. Las graderías de la cancha número 15 de la Liga Municipal reciben a sus primeros aficionados. El cielo es una panza de burro a punto de explotar. El partido aún no inicia. Hoy de define el campeonato. El Jalisco enfrenta al Colegio de Bachilleres, que es el otro candidato al título.

A un lado, en las graderías, dos ancianos hinchas del Jalisco, de esos que van a todas, portan vasos, limones, clamato. Después sacan cervezas. Ellos están concentradísimos.

El partido arranca. Hay tensión en el ambiente. Después, casi tres horas después, uno de los equipos celebrará hasta la intemperancia y el otro masticará la rabia tras la posibilidad perdida. Pero eso será después, casi tres horas después, porque mientras tanto el Jalisco ataca y la pelota no quiere entrar.

–Necesitamos ganar para ser campeones– dice el Chota. –Pero si perdimos se reducen nuestras posibilidades.

La lógica es implacable.

Los del Jalisco están nerviosos. Llevan en el primer lugar desde inicios de la temporada; sería una injusticia, dicen, que justo al final el Cobaem los rebase. Hemos sido el mejor equipo, dicen. Sacamos adelante partidos imposibles, dicen. Pero el futbol, lo saben, las mieles de la gloria y los caminos del gol son misteriosos.

–Concentración– repite el Migue.

Después de este juego queda otro. El último. Pero el Jalisco ya lo ganó: el rival iba a ser la Ruta Gris, un equipo duro, pesado, a quien en la primera rueda el Jalisco venció apenas, sobre la hora, con un gol del chileno. Sucedió que la Ruta Gris intentó pagar a un árbitro, que resultó ser incorruptible o andaba en un día honesto o pensó que el dinero era muy poco; como fuera, este árbitro incorruptible los denunció y el Ruta Gris fue descalificado y ahora el Jalisco ya ganó ese partido y al Cobaem aún le queda el suyo, que seguramente ganará.

–Concentración.

La pelota hace una comba y se incrusta por entre las manos del arquero. Gol. El Jalisco gana 1 a 0.

–¡GOOOOOOOOOOOOOL! ¡Así se hace, compadre! –dice el Migue.

–¡GOOOOOOOOOOOOOL! ¡Así se hace, Nacho! –dice el Gato.

Hasta este juego el Jalisco lleva 71 puntos; el Cobaem, 70. Al Jalisco le sirve el empate y el triunfo; al Cobaem solo le sirve el triunfo. Al Gato le sirven un tequila.

El Migue sabe lo que hace. El partido se iba a pelear en el mediocampo y a esa zona mandó su arsenal. Recuperó al Nacho, que estaba lesionado y juega en la serie mayor. Mandó ahí a Raúl, al Xolo, a Macario. En este partido, como se dice en la jerga, la clave es el mediocampo.

El Nacho es compadre del Migue.

El Migue también dejó fuera al chileno, que es delantero y servirá para aguantar el segundo tiempo.

–Transiciones rápidas. Mucho toque corto. Buscar los espacios. Agilidad física, técnica y táctica.

Como se dice en la jerga: el cuadro se reinventa.

Este es el partido más importante del año. Los jugadores lo saben y en la semana se prepararon. En chileno se compró una bicicleta. El Chamaco no bebió una gota de alcohol. Érik trató de recuperarse de su dolencia. El Migue también se preparó. En lugar de dos bolsas de hielo para el tercer tiempo, encargó tres. Como se dice en la jerga: planificar lo es todo.

–Planificación– dice el Migue. –Esa es la clave del éxito. Lo de hoy es importante. Si ganamos esto corona el esfuerzo colectivo de todo un año de trabajo.

Después llega Raúl Morón, el jefe, y el Migue se calla. Cuando habla el jefe nadie más habla. Después, en el tercer tiempo, el jefe hablará al Nacho para decirle que él pone otras tres botellas de tequila. Pero eso será después.

El ruido y el apoyo popular se siente, aunque unos pocos no llegaron hoy. El Chona, un mediocampista de buena pegada; el Omar, rápido por la lateral y con buen desahogo del juego; el Jacobo, cuya principal característica es su capacidad a cabecear con la espalda.

El Javo patea al arco. Tiene poco ángulo. El arquero está al primer palo. Inexplicablemente, la pelota se le incrusta por entre las manos. 2 a 0.

La porra celebra. La del Jalisco; los del Cobaem casi no se ven. El árbitro y los líneas, de coqueto color naranja, corren al medioterreno.

El partido es extraño. En 28 partidos, el Cobaem llevaba apenas 18 goles en contra. Por mucho, la defensa más sólida del torneo. Esta vez, antes de los 15 minutos, ya le hicieron dos. Y el Jalisco sigue atacando y el Cobaem no tiene por dónde.

Como se dice en la jerga: una cosa de confianza.

Córner. El Javo cabecea al arco. Gol. Jalisco 3 a 0. Todos celebran.

–¡Hagan más goles, cabrones!– dice el Chota. –¡Así podré jugar yo!

El Chota tiene lógica. Si el equipo asegura el partido él tendrá más chances de entrar. El Chota es, hablando en la jerga, un hombre que conoce sus límites.

Esta vez el Gato no bebe mucho. Esta vez trajo a su familia y se porta bien. Esta vez, acabando el juego, se retira en silencio y con dignidad. Los demás se quedan.

El Gato también se reinventa.

 

COSAS DE MACHOS

El Jalisco es un grupo de hombres recios, curtidos. Y como en todo buen grupo de machos recios y curtidos, los chismes abundan.

Es así:

  • El Nacho no quiere beber con los del equipo campeón que le sacan en cara que se cambió de serie.
  • El Javo no quiere seguir en esta serie; Raúl le pidió que se cambiara a la mayor. Los compañeros reclaman al Javo.
  • El Migue no sabe si seguirá o no como DT; los jugadores le reclaman al Migue.
  • El Palafox, el año pasado, le reclamó al Migue porque el Migue no le hizo caso a él y en cambio sí le hizo caso al Gato, de quien el Palafox dice que lo único que sabe hacer es beber tequila. Los jugadores le reclaman al Palafox.
  • El Javo dice que Raúl Morón no quiere pagar el viaje a Ixtapa, porque para eso ambas series debían campeonar. Los jugadores le reclamarán a Raúl.
  • El Nacho dice que Raúl se enojó con la serie mayor porque les pidió ir a apoyar al juego de los campeones; los de la serie mayor prefirieron evitar la fatiga y se quedaron bebiendo cerveza. Los campeones le reclaman a los de la serie mayor.

EL MISTERIO DE LA GLORIA 

Érik quiere jugar. Érik asegura que está bien. Rebosa confianza. Me puse hielo seco, asegura, para el tratamiento. El Migue le cree y lo hace entrar. Saca a Jorge. Érik lucha un balón, gana, pierde, va al piso.

A los dos minutos de juego Érik ya no puede caminar.

El Chota entra a la cancha. Gracias al 4 a 0 a favor, puede jugar. El Chota, que conoce sus límites, corre cinco metros, se para, resopla, se enoja con sus compañeros que no lo ayudan. Sus compañeros no entienden por qué tendrían que ayudarlo a correr. El Chota pica, detiene el balón, hace una maroma perfecta: un segundo más tarde su humanidad completa está en el piso.

Nadie lo tocó. Nadie se le acercó. La pelota le queda al rival. El Chota se levanta.

El defensa se lanza al piso y atropella a Macario. Macario cae. El juego se detiene.

–Chileno, ven– dice el Migue. –Mira: ese defensa ya lesionó a dos jugadores. Es hora de aquietarlo un poco.

El chileno, que tiene buena técnica pero también sabe cuándo hay que pisarle fuerte, obedece.

–Yo me lo chingo– dice.

En la jugada siguiente hay un balón dividido. El chileno corre; el defensa corre. Los dos llegan casi al tiempo: el chileno se retrasa un segundo y el defensa toca la pelota. En cambio, el chileno estampa los estoperoles completos sobre el empeine del defensa. Viveza criolla: fue foul, pero no parece foul. Los compañeros, que ignoran la orden del Migue, le reclaman al chileno por no resolver la jugada. El defensa reclama de dolor. El árbitro pide calma al chileno. El Migue sonríe por lo bajo.

Después, más de lo mismo. El Cobaem ataca sin orden; el Jalisco se para bien atrás. El chileno inicia los contrataques; el último defensa del Cobaem, el del empeine herido, es rápido y gana por abajo. El chileno busca al Chota; el Chota busca al chileno. El Érik cojea varios metros más atrás y no llega a la jugada. El partido acaba: 4 a 0 Jalisco.

Los jugadores corren a abrazarse. El Migue abraza al Gato. El Chota abraza a cualquiera. Es el triunfo de la concentración, de la planificación, de la física y la técnica y la táctica. Es el triunfo de la capacidad de conocer los propios límites. Es el triunfo de la confianza.

–¡Felicidades, pinche Chota!– dicen sus compañeros.

Los jugadores agarran al Migue y le vacían por completo el garrafón de agua encima. Es su manera de celebrar. Después, cuando los jugadores pidan el agua para rehidratarse, el garrafón estará vacío. Planificación.

El Chota celebra. Casi no jugó en la temporada; ahora, con el partido resuelto temprano, estuvo en la cancha y recibe los aplausos. Los caminos de la gloria son misteriosos. El Chota celebra, pero también reclama al chileno que no se la dio para hacer el gol. El chileno se ríe. El Chota se ríe. El Migue se ríe. El Gato bebe un último tequila antes de irse.

 

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